lunes, 16 de septiembre de 2013


Recuerdos imborrables

Hace apenas tres días nos visitó un alto dirigente del Partido Comunista de Vietnam. Antes de marcharse, me trasmitió el deseo de que yo elaborara algunos recuerdos de mi visita al territorio liberado de Vietnam en su heroica lucha contra las tropas yankis en el sur de su país.

No es realmente mucho el tiempo que dispongo cuando gran parte del mundo se empeña en buscar una respuesta a las noticias de que una guerra, con el empleo de mortíferas armas, está a punto de estallar en un rincón crítico de nuestro globalizado planeta.

Recordar, sin embargo, los antecedentes y los monstruosos crímenes cometidos contra los países con menos desarrollo económico y científico, ayudará a todos los pueblos a luchar por su propia supervivencia.

El 12 de septiembre se cumple el 40 aniversario de la visita de una delegación oficial de Cuba a Vietnam.

En una Reflexión que escribí el 14 de febrero de 2008, publiqué datos sobre el candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos John McCain, humillantemente derrotado en su candidatura por Barack Obama. Este último, al menos, podía hablar en términos parecidos a Martin Luther King, asesinado vilmente por los racistas blancos.

Obama se propuso incluso imitar el viaje en tren del austero Abraham Lincoln, aunque no habría sido nunca capaz de pronunciar el discurso de Gettysburg. Michael Moore le espetó: “Felicidades, presidente Obama, por el Premio Nobel de la Paz; ahora por favor, gáneselo.”

McCain perdió la Presidencia de Estados Unidos, pero se las arregló para volver al Senado, desde donde ejerce enormes presiones sobre el gobierno de ese país.

Ahora está feliz, moviendo sus fuerzas para que Obama descargue el mayor número de certeros cohetes con capacidad de golpear con precisión las fuerzas vivas de las tropas sirias.


Tan mortal es el gas Sarín como las radiaciones atómicas. Nueve países disponen ya de armas nucleares que son mucho más mortíferas que el gas Sarín. Datos publicados desde el 2012 informan que Rusia posee aproximadamente 16 000 ojivas nucleares activas y Estados Unidos alrededor de 8 000.

La necesidad de hacerlas estallar en cuestión de minutos sobre los objetivos adversarios, impone los procedimientos para el uso de las mismas.

Una tercera potencia, China, la más sólida económicamente, dispone ya la capacidad para la Destrucción Mutua Asegurada con Estados Unidos.

Israel, por su parte, supera a Francia y a Gran Bretaña en tecnología nuclear, pero no admite que se pronuncie una palabra sobre los fabulosos fondos que recibe de Estados Unidos y su colaboración con este país en ese terreno. Hace pocos días envió dos misiles para probar la capacidad de respuesta de los destructores norteamericanos en el Mediterráneo que apuntan contra Siria.

¿Cuál es el poder entonces de tan pequeño, como avanzado, grupo de países?

Para extraer la enorme energía derivada de un núcleo de hidrógeno se necesita crear un plasma de gas de más de 200 millones de grados centígrados, el calor necesario para forzar a los átomos de deuterio y tritio a fusionarse y liberar energía, según explica un despacho de la BBC, que suele estar bien informada en la materia. Eso es ya un  descubrimiento de la ciencia, pero cuánto será necesario invertir para convertir en realidad tales objetivos.

Nuestra sufrida humanidad espera. No somos “cuatro gatos”; sumamos ya más de siete mil millones de seres humanos, la inmensa mayoría niños, adolescentes y jóvenes.

Volviendo a los recuerdos de mi visita a Vietnam, que motivaron estas líneas, no tuve el privilegio de conocer a Ho Chi Minh, el legendario creador de la República Socialista de Vietnam, el país de los anamitas, el pueblo del que tan elogiosamente habló nuestro Héroe Nacional José Martí en el año 1889 en su revista infantil La Edad de Oro.

El primer día me alojaron en la antigua residencia del Gobernador francés en el territorio de Indochina cuando visité ese hermano país en 1973, al que arribé el 12 de septiembre después del acuerdo entre Estados Unidos y Vietnam. Allí me alojó Pham Van Dong, entonces Primer Ministro. Aquel recio combatiente, al quedarse solo conmigo en el viejo caserón construido por la metrópoli francesa, comenzó a llorar. Excúseme, me dijo, pero pienso en los millones de jóvenes que han muerto en esta lucha. En ese instante percibí en su plena dimensión cuan dura había sido aquella contienda. Se quejaba también de los engaños que había utilizado Estados Unidos con ellos.

En una apretada síntesis utilizaré las palabras exactas de lo que escribí en la mencionada Reflexión del 14 de febrero de 2008 tan pronto tuve la posibilidad de hacerlo:

“Los puentes, sin excepción, a lo largo del trayecto, visibles desde el aire entre Hanoi y el Sur, estaban efectivamente destruidos; las aldeas, arrasadas, y todos los días las granadas de las bombas de racimo lanzadas con ese fin, estallaban en los campos de arroz donde niños, mujeres e incluso ancianos de avanzada edad laboraban produciendo alimentos.

“Un gran número de cráteres se observaban en cada una de las entradas de los puentes. No existían entonces las bombas guiadas por láser, mucho más precisas. Tuve que insistir para hacer aquel recorrido. Los vietnamitas temían que fuese víctima de alguna aventura yanqui si conocían de mi presencia en aquella zona. Pham Van Dong me acompañó todo el tiempo.

“Sobrevolamos la provincia de Nghe-An, donde nació Ho Chi Minh. En esa provincia y la de Ha Tinh murieron de hambre en 1945, el último año de la Segunda Guerra Mundial, dos millones de vietnamitas. Aterrizamos en Dong Hoi. Sobre la provincia donde radica esa ciudad destruida se lanzaron un millón de bombas. Cruzamos en balsa el Nhat Le. Visitamos un puesto de asistencia a los heridos de Quang Tri. Vimos numerosos tanques M 48 capturados. Recorrimos caminos de madera en la que un día fue la Ruta Nacional destrozada por las bombas. Nos reunimos con jóvenes soldados vietnamitas que se llenaron de gloria en la batalla de Quang Tri. Serenos, resueltos, curtidos por el sol y la guerra, un ligero tic reflejo en el párpado del capitán del batallón. No se sabe cómo pudieron resistir tantas bombas. Eran dignos de admiración. Esa misma tarde del 15 de septiembre, regresando por ruta diferente, recogimos tres niños heridos, dos de ellos muy graves; una niña de 14 años estaba en estado de shock con un fragmento de metal en el abdomen. Los niños trabajaban la tierra cuando un azadón hizo contacto casual con la granada. Los médicos cubanos acompañantes de la delegación les dieron atención directa durante horas y les salvaron la vida. He sido testigo, señor McCain, de las proezas de los bombardeos a Viet Nam del Norte, de los cuales usted se enorgullece.

“Por aquellos días de septiembre, Allende había sido derrocado; el Palacio de Gobierno fue atacado y muchos chilenos torturados y asesinados. El golpe fue promovido y organizado desde Washington.”    

Lino Luben Pérez, periodista de la AIN, consignó en un artículo que publicó el 1 de diciembre de 2010, una frase que pronuncié el dos de enero de 1966 en el acto por el séptimo aniversario de la Revolución: a Vietnam “estamos dispuestos a darle no ya nuestra azúcar, sino nuestra sangre, ¡que vale mucho más que el azúcar!”.

En otra parte del referido artículo, el periodista de la AIN escribió:

“Por años, miles de jóvenes vietnamitas estudiaron en Cuba varias especialidades, incluidos los idiomas español e inglés, mientras otro considerable número de cubanos aprendieron allá su lengua.

“Al puerto de Haiphong, en el norte bombardeado por los yanquis, atracaron barcos cubanos cargados de azúcar y cientos de técnicos laboraron durante la guerra en ese territorio como constructores.

“Otros compatriotas fomentaron granjas avícolas para la producción de carne y huevos.”

“Consistió hecho trascendental el primer barco mercante de esa nación que entró en puerto cubano. Hoy, la colaboración económica estatal o empresarial y el entendimiento político entre los dos partidos y sus relaciones de amistad, se mantienen y multiplican.”

Ruego se me excuse el modesto esfuerzo de escribir estos párrafos en nombre de nuestra tradicional amistad con Vietnam.

En la mañana de hoy, el riesgo de que el conflicto estalle con sus funestas consecuencias parece haber disminuido gracias a la inteligente iniciativa rusa, que se mantuvo firme ante la insólita pretensión del gobierno de Estados Unidos, amenazando con lanzar un demoledor ataque contra las defensas sirias que podía costar miles de vidas al pueblo de ese país y desatar un conflicto de impredecibles consecuencias.

El Canciller ruso, Serguéi Lavrov, habló en nombre del gobierno de ese valiente país y tal vez contribuya a evitar, en lo inmediato, una catástrofe mundial.

El pueblo norteamericano, por su parte, se opone fuertemente a una aventura política que afectaría no solo a su propio país, sino a toda la humanidad.    








Fidel Castro Ruz
Septiembre 10 de 2013
3 y 20 p.m.

martes, 24 de julio de 2012

CESAR AUGUSTO SANDINO, General de Hombres Libres


Carta a los gobernantes de América
Augusto César Sandino

El Chipotón, 4 de agosto de 1928

Señores presidentes:
Por ser los intereses de esos quince pueblos los que más afectados resultarían si se permite a los yankees hacer de Nicaragua, una colonia del Tío Samuel, me tomo la facultad de dirigiros la presente, dictada no por hipócritas y falaces cortesías diplomáticas, sino con la ruda franqueza del soldado.
Los yankees, por un resto de pudor, quieren disfrazarse con el proyecto de construcción de un canal interoceánico a través del territorio nicaragüense, lo que daría por resultado el aislamiento entre las repúblicas indohispanas; los yankees, que no desperdician oportunidad, se aprovecharían del alejamiento de nuestros pueblos para hacer una realidad el sueño que en sus escuelas primarias inculcan a los niños, esto es: que cuando toda la América Latina haya pasado a ser colonia anglosajona, en el cielo de su bandera tendrá una sola estrella.
Por quince meses el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, ante la fría indiferencia de los gobiernos latinoamericanos, y entregado a sus propios recursos y esfuerzos, ha sabido, con honor y brillantez, enfrentarse a las terribles bestias rubias y a la caterva de traidores renegados nicaragüenses que apoyan al invasor en sus siniestros designios.
Durante este tiempo, señores presidentes, vosotros no habéis correspondido al cumplimiento de vuestro deber, porque como representantes que sois de pueblos libres y soberanos, estáis en la obligación de protestar diplomáticamente, o con las armas que el pueblo os ha confiado, si fuere preciso, ante los crímenes sin nombre que el gobierno de la Casa Blanca manda, con sangre fría, a consumar en nuestra desventurada Nicaragua, sin ningún derecho y sin tener más culpa nuestro país que no querer besar el látigo con que le azota, ni el puño del yankee que lo abofetea.
¿Acaso piensan los gobiernos latinoamericanos que los yankees sólo quieren y se contentarían con la conquista de Nicaragua? ¿Acaso a estos gobiernos se les habrá olvidado que de veintiuna repúblicas americanas han perdido ya seis su soberanía? Panamá, Puerto Rico, Cuba, Haití, Santo Domingo y Nicaragua, son las seis desgraciadas repúblicas que perdieron su independencia y que han pasado a ser colonia del imperialismo yankee. Los gobiernos de esos seis pueblos no defienden los intereses colectivos de sus connacionales, porque ellos llegaron al poder, no por la voluntad popular, sino por imposición del imperialismo, y de aquí que quienes ascienden a la presidencia, apoyados por los magnates de Wall Street, defienden los intereses de los banqueros de Norte América. En esos seis desventurados pueblos hispanoamericanos sólo habrá quedado el recuerdo de que fueron independientes y la lejana esperanza de conquistar su libertad mediante el formidable esfuerzo de unos pocos de sus hijos que luchan infatigablemente por sacar a su patria del oprobio en que los renegados la han hundido.
La colonización yankee avanza con rapidez sobre nuestros pueblos, sin encontrar a su paso murallas erizadas de bayonetas, y así cada uno de nuestros países a quien llega su turno, es vencido con pocos esfuerzos por el conquistador, ya que, hasta hoy, cada uno se ha defendido por sí mismo. Si los gobiernos de las naciones que van a la cabeza de la América Latina estuvieran presididas por un Simón Bolívar, un Benito Juárez o un San Martín, otro sería nuestro destino; porque ellos sabrían que cuando la América Central estuviera dominada por los piratas rubios, seguirían en turno México, Colombia, Venezuela, etcétera.
¿Qué sería de México si los yankees lograran sus bastardos designios de colonizar Centro América? El heroico pueblo mexicano nada podría hacer, a pesar de su virilidad, porque estaría de antemano acogotado por la tenaza del Tío Samuel, y el apoyo que esperara recibir de las naciones hermanas no podría llegarle por impedirlo el Canal de Nicaragua y la Base Naval del Golfo de Fonseca; y quedaría sujeto a luchar con el imperio yankee, aislado de los otros pueblos de la América Latina y con sus propios recursos, tal como nos está sucediendo a nosotros ahora.
 
La célebre doctrina Carranza expresa que México        tiene por su posición geográfica, que ser -y en realidad lo es- el centinela avanzado del hispanismo de América. ¿Cuál será la opinión del actual gobierno mexicano respecto a la política que desarrollan los yankees en Centro América? ¿Acaso no habrán comprendido los gobiernos de Iberoamérica que los yankees se burlan de su prudente política adoptada en casos como el de Nicaragua? Es verdad que, por el momento el Brasil, Venezuela y el Perú no tienen problemas de intervención tal como lo manifestaron en la discusión del derecho de intervención en la Conferencia Panamericana celebrada en La Habana en el año actual, por medio de sus representantes; pero si esos gobiernos tuvieran más conciencia de su responsabilidad histórica no esperarían que la conquista hiciera sus estragos en su propio suelo, y acudirían a la defensa de un pueblo hermano que lucha con el valor y la tenacidad que da la desesperación contra un enemigo criminal cien veces mayor y armado de todos los elementos modernos. Los gobiernos que se expresan en horas tan trágicas y culminantes de la historia en los términos en que lo hicieron Brasil, Venezuela, Perú y Cuba, ¿podrán tener mañana autoridad moral suficiente sobre los demás pueblos hermanos? ¿Tendrán derecho a ser oídos?
Hoy es con los pueblos de la América Hispana con quienes hablo. Cuando un gobierno no corresponde a las aspiraciones de sus connacionales, éstos, que le dieron el poder, tienen el derecho de hacerse representar por hombres viriles y con ideas de efectiva democracia, y no por mandones inútiles, faltos de valor moral y de patriotismo, que avergüenzan el orgullo de una raza.
Somos noventa millones de hispanoamericanos y sólo debemos pensar en nuestra unificación y comprender que el imperialismo yankee es el más brutal enemigo que nos amenaza y el único que está propuesto a terminar por medio de la conquista con nuestro honor racial y con la libertad de nuestros pueblos.
Los tiranos no representan a las naciones y a la libertad no se la conquista con flores.
Por eso es que, para formar un Frente Único y contener el avance del conquistador sobre nuestras patrias, debemos principiar por darnos a respetar en nuestra propia casa y no permitir que déspotas sanguinarios como Juan Vicente Gómez y degenerados como Leguía, Machado y otros, nos ridiculicen ante el mundo como lo hicieron en la pantomima de La Habana.
Los hombres dignos de la América Latina debemos imitar a Bolívar, Hidalgo, San Martín, y a los niños mexicanos que el 13 de setiembre de 1847 cayeron acribillados por las balas yankees en Chapultepec, y sucumbieron en defensa de la Patria y de la Raza, antes que aceptar sumisos una vida llena de oprobio y de vergüenza en que nos quiere sumir el imperialismo yankee.
PATRIA Y LIBERTAD
Augusto C. Sandino.

domingo, 30 de octubre de 2011

VIETNAM: las lecciones de dignidad de un pueblo de hombres libres

Vietnam 1968

        La Matanza de My Lai
La siguiente narración, basada en un texto del sitio Temakel, aunque con aportes propios por haber tenido presencia en ese escenario de agresión imperial, es la de la terrible masacre de My Lai, en Vietnam, perpetrada por soldados de los Estados Unidos, que arrasaron con esta pequeña y humilde aldea rural en la que solo había mujeres, niños y ancianos. Asesinaron -esa es la palabra- a más 500 personas, en uno de los tantos episodios atroces de esta desigual guerra, donde unos eran invasores con gran supremacía militar y otros un pueblo que luchó por su libertad y soberanía como nación. Esta soldadesca yanqui brutal y asesina, compuesta por un grupo de tareas y varias compañías, con la intervención directa de unos 100 soldados, más la indirecta de cerca de 500 en toda la cadena de mando, carece de honor, moral y conciencia, salvo uno, que rescató con su arrepentimiento la condición humana de esa horda.
           
En 1968 un regimiento de soldados norteamericanos masacró a la indefensa población civil de la aldea vietnamita de My Lai. El ejército norteamericano intentó denodadamente ocultar la brutal matanza. A pesar de sus esfuerzos, el hecho sanguinario se difundió y llegó hasta la opinión pública. Lo ocurrido en My Lai es símbolo del desamparo de la vida humilde frente a la devastadora maquinaria bélica del poder. En la historia, el poder (desde su conjunción de fuerzas políticas, económicas y militares) siempre se construye sobre ensangrentados valles de inocentes masacrados. En este momento, alimentaremos la memoria histórica respecto a la masacre de la vida inocente a través del recuerdo de los ignominiosos hechos de la matanza de My Lai. En primer término encontrarán el artículo del Auditor de Guerra Mayor Tony Raimondo, que reconstruye los acontecimientos históricos y traza una perspectiva crítica sobre la violencia militar norteamericana. Y, luego, incluimos también el falaz comunicado del ejército emitido con el propósito de ocultar el atroz crimen sobre la población vietnamita. Crimen que es repetición simbólica y arquetípica de la impunidad de los poderosos gigantes que arrasan la vida desamparada.

LA MATANZA DE MY LAI
En la mañana del 16 de marzo de 1968 más de 100 soldados estadounidenses llegaron por helicóptero al poblado de My Lai en Vietnam y, sin encontrar al enemigo, durante varias horas mataron alrededor de 350 civiles, la mayoría mujeres, niños y viejos. La matanza de My Lai, en medio de una de las guerras intervencionistas más sangrientas de la historia estadounidense, marcó una tragedia cuya herida histórica aún no se cura.

El reportero e historiador Seymour Hersh cuenta que a menos de cuatro kilómetros de My Lai esa misma mañana, otra agrupación de soldados estadounidenses iniciaron un asalto al poblado de My Khe, y de nuevo al no encontrar a las fuerzas enemigas, asesinaron a todas las mujeres, niños y viejos que se encontraron, entre 60 y 155 civiles.

Pronto los soldados empezaron a disparar contra cualquier cosa que se moviera (incluso animales de granja, como cerdos, gallinas, patos y vacas). Las tropas gritaban dentro de las pequeñas chozas para que sus habitantes salieran, y les indicaban con señales de mano que debían salir. Si nadie respondía, tiraban granadas dentro de los refugios y casamatas. Muchos soldados no se molestaron en usar este procedimiento y lanzaron granadas de mano dentro de las chozas, estuvieran o no ocupadas. Algunos grupos pequeños de personas se empezaron a reunir, en una parte del caserío, creando un grupo más nutrido de entre 50 y 60 ancianos, mujeres y niños. Algunas eran madres que llevaban a sus bebés en brazos, y otras estaban tan heridas que difícilmente podían caminar. Minutos después de entrar a My Lai, un soldado se topó con una choza que había sido ametrallada, en ella descubrió a tres niños, una mujer con una espantosa herida abierta en el costado, y a un anciano en cuclillas, casi incapaz de moverse por las graves heridas que tenía en ambas piernas. El soldado apuntó su pistola calibre .45 a la cabeza del anciano y tiró del gatillo
. Dos soldados se sorprendieron cuando una mujer, que cargaba un bebé en sus brazos y arrastraba a otro niño que apenas sabía caminar, salió corriendo de una choza de bambú. Uno de ellos disparó y la hirió. Una anciana, con una granada M-79 sin explotar dentro de su estómago abierto, se divisó tambaleante por la senda.
Un anciano que llevaba puesto un sombrero de paja y estaba sin camisa (era obvio que iba desarmado) se encontraba junto a un búfalo, en un arrozal, a unos 50 metros de distancia. Miembros del 1er. Pelotón dispararon inmediatamente contra el anciano después de que éste alzó las manos, mientras el Teniente Calley observaba.
Un soldado apuñaló con su bayoneta a un granjero vietnamita de mediana edad, sin ninguna razón aparente. Luego, mientras la víctima estaba en el suelo jadeando para respirar, el soldado lo remató. Este mismo soldado entonces agarró a otro hombre que estaba siendo detenido, le disparó en la nuca, tiró su cuerpo en un pozo, y lanzó una granada M-26 dentro del mismo.

Un soldado que caminaba descarriado, encontró a una joven mujer con un niño de unos cuatro años de edad. La obligó a satisfacer oralmente sus deseos sexuales mientras apuntaba con su arma a la cabeza del niño, amenazando con matarlo. Cuando apareció el Teniente Calley, le ordenó disgustado al soldado que se subiera los pantalones y que fuera a donde se suponía que debía estar.

En un punto, a pesar de todo el pandemónium, el 1er. y 2º pelotones se traslaparon cuando el flanco derecho del 2º pelotón cruzó el sendero que cruzaba el flanco izquierdo del 1er. pelotón. Tropas del 1er. pelotón que llevaban caminando a un pequeño grupo de aldeanos para que fueran investigados, fueron abordados por un soldado del 2º pelotón quien airado insistió en que mataran a los aldeanos en ese momento. Solicitó un M-16 a cambio de su M-79, para iniciar él mismo la ejecución. Cuando rehusaron dárselo, tomó el M-16 de un soldado y disparó a la cabeza de un granjero vietnamita. Después se calmó.

Tres escuadras de soldados del 2º pelotón se acercaron en línea, lado a lado, vaciando las viviendas y luego lanzando granadas de fragmentación adentro de ellas. También dispararon fuego automático en ellas. Un grupo de niños de entre 6 y 7 años de edad que venía hacia ellos rápidamente fue abatido. Otro grupo de vietnamitas murió (bajo el fuego automático de ametralladoras y de fusiles M-16) frente a una choza, después de haberse apiñado en ella, tratando de protegerse. Un jefe de escuadra dijo a sus soldados que no le gustaba lo que estaban haciendo, pero que había que cumplir las órdenes.

Un soldado disparó contra una mujer que tenía un bebé, a una distancia de aproximadamente 25 metros. Casi cercenó su brazo derecho. Un frágil trozo de carne era lo único que lo sostenía unido al resto del cuerpo. Ella corrió hacia una choza, llevando aun así cargado a su bebé; alguien gritó que los mataran a los dos.

Una mujer de mediana edad que trataba de salir de un túnel valiéndose para ello de ambas manos (y revelando así, claramente, que estaba desarmada) murió por los disparos de un equipo de ametralladora. Este mismo equipo abrió fuego contra cualquier vietnamita que encontrara en su camino. El escenario continuó siendo de caos y confusión, con gente que corría y gritaba. Algunas de las tropas temían ser víctimas de los disparos de sus propios compañeros.

En un área despejada cerca de una pequeña choza, un grupo de quince vietnamitas se había reunido, cuatro mujeres de unos treinta años de edad, tres de unos cincuenta, tres jóvenes adolescentes y cinco niños de entre 3 y 14 años. Un soldado gritó una alerta para que cualquier soldado que estuviera detrás del grupo de vietnamitas se protegiera porque iban a abrir fuego. El primer disparo contra este grupo penetró la cabeza de un niño que su madre llevaba cargado, matándolo en el acto. Otros empezaron a disparar también; ninguno se detuvo hasta haber matado a todo el grupo.

Un soldado lanzó dos proyectiles desde su lanzagranadas M-79 contra un grupo de vietnamitas que estaban sentados en el suelo. La primera granada erró, la secunda cayó entre ellos con un impacto devastador. Sin embargo, algunos de ellos pudieron sobrevivir la explosión. Otro soldado acabó con ellos. Un tercer soldado se detuvo junto a un túnel y gritó para que salieran sus ocupantes. Los vietnamitas que lo ocupaban estaban empezando a salir, pero el soldado tiró adentro una granada de todas formas.

Detrás de los pelotones 1 y 2, el grupo de mando del Capitán Medina formó una línea de seguridad afuera de un arrozal detrás del perímetro occidental de My Lai 4. Habían transcurrido cerca de 45 minutos desde que las primeras tropas entraron a la aldea y el Capitán Medina esperaba para dar la orden de partir al 3er. pelotón.
El 1er. pelotón reunió a un grupo numeroso de entre 50 y 60 vietnamitas. Ellos estaban en cuclillas y había entre ellos de 10 a 15 varones con barba y diez mujeres, así como unas cuantas ancianas de cabello blanco que difícilmente podían caminar. El resto del grupo lo integraban niños de todas las edades, desde bebés hasta jóvenes adolescentes.

Para ese entonces (desde el momento en que su pelotón entró al caserío), el Teniente Calley había recibido dos llamadas de radio de un ansioso Capitán Medina, que exigía saber qué estaba sucediendo con su pelotón y a qué se debía el lento progreso a través del caserío. El Teniente Calley respondió que un grupo numeroso de vietnamitas que habían reunido estaba retardando el avance del pelotón. El Capitán Medina le ordenó que "los eliminara". El Sargento Calley se acercó a dos soldados que cuidaban al grupo de civiles y les dijo "encárguense de ellos". Los dos soldados respondieron "está bien".

El otro soldado participó en la matanza con el Teniente Calley, pero no pudo continuar y dejó de disparar casi al final, con lágrimas que rodaban por sus mejillas. En este momento, el soldado que no había participado vio que solamente unos pocos niños continuaban vivos. Sus madres se habían abalanzado sobre ellos como último recurso para proteger con sus cuerpos a los pequeños de la constante lluvia de balas. Los niños trataban de pararse. El Teniente Calley abrió fuego matándolos uno por uno. Luego el Teniente Calley dijo "Ya está bien, vámonos."

EN LA ZANJA DE IRRIGACIÓN

Diez miembros del primer pelotón vigilaban a un grupo de cuarenta a cincuenta vietnamitas en una zanja de irrigación. Mientras el Teniente Calley interrogaba a un monje budista a través de un intérprete, un niño de aproximadamente dos años de edad de alguna manera salió gateando de la zanja sin que los soldados lo notaran. El Teniente Calley caminó hacia el niño, lo alzó, lo tiró en la zanja y luego disparó contra él, antes de regresar para continuar con el interrogatorio del monje. Cansado de interrogarlo, el Teniente Calley haló de él, lo tiró a empujones en el arrozal, y abrió fuego con su M-16.

Mientras tanto, los soldados continuaban escoltando y forzando a los aldeanos vietnamitas a permanecer en la zanja de irrigación. Algunos fueron empujados, otros, lanzados; algunos saltaron ellos mismos; y otros continuaron sentados en el borde, esperando porque sabían que al estar en la zanja el final era inminente. Después que el Teniente Calley lanzó a una mujer herida en la zanja, se volteó hacia un soldado y le ordenó: "Cargue su ametralladora y dispare contra esta gente". Al responder el soldado: "Yo no voy a hacer eso", el Teniente Calley le apuntó su M-16 amenazando con dispararle en ese momento. El estancamiento terminó cuando el Teniente Calley retrocedió luego de intervenir otros soldados.

08:45 De la mañana: El Teniente Calley y otros soldados, siendo uno de ellos el mismo soldado que anteriormente había llorado y se había emocionado después de participar en la primera atrocidad a gran escala en la aldea, dispararon hacia la zanja de irrigación. Los vietnamitas trataron frenéticamente de esconderse unos bajo los cuerpos de otros, nuevamente las madres trataron desesperadamente de proteger a sus hijos y bebés cubriéndolos o escudándolos con los cuerpos de ellas. Trozos de hueso y de carne humana despedazados volaron por el aire, mientras vaciaban cargador tras cargador sobre la zanja poco profunda.

El Capitán Medina escuchó todos esos disparos y brevemente se preocupó creyendo que sus soldados habían hecho frente a una fuerte resistencia enemiga. Sin embargo, no se trataba de eso, nunca llegó a pasar eso en el caserío de My Lai. Nuevamente, los miembros de la Compañía C. no recibieron fuego enemigo, en lo absoluto. El 3er. Pelotón fue enviado, de acuerdo con el plan, a rastrear el área. Mataron a todos los animales que encontraron, algunas veces hiriendo deliberadamente a los cerdos y búfalos, por el puro placer de verlos retorcer en agonía. Incendiaron las chozas y lanzaron granadas en los orificios de la tierra.

Dos niños heridos, de una edad aproximada de cinco y ocho años, salieron corriendo y llorando. Un soldado les disparó a los dos en el pecho y los hombros. Cuando se le preguntó por qué los había matado, el soldado respondió: "Porque ya estaban medio muertos". Un hombre y una mujer también recibieron disparos mientras corrían por un sendero de la aldea. Algunos soldados recorrieron el área rematando a los heridos; debieron disparar tres veces a una víctima que ya tenía dos heridas de bala en la espalda. 


Después de salir el 3er. pelotón de sus posiciones defensivas alrededor de la zona de aterrizaje, el grupo de mando del Capitán Medina se movió a través de un arrozal, y una arroyada de irrigación hacia la parte más al sur de la aldea. En cierto punto el Capitán Medina disparó dos veces hiriendo a una mujer que caminaba por un arrozal, llevando una pequeña canasta de paja. El Capitán Medina se acercó a la mujer herida, registró la canasta de paja, encontró jeringuillas y otros abastecimientos médicos, y luego procedió a dispararle dos veces más a la cabeza.
 

El Capitán Medina entró al caserío y poco después se topó, cerca de una pila de cadáveres, con un sargento vietnamita que servía de intérprete. El sargento vietnamita preguntó al Capitán Medina por qué habían matado a tantos civiles. El Capitán Medina respondió: "Sargento Minh, no pregunte nada - esas fueron las órdenes." Era evidente que el control del Capitán Medina sobre sus soldados había sido insignificante a partir del momento en que desembarcó.

1100 horas. El centro de operaciones tácticas notificó al Tte. Cnel. Barker que varios pilotos habían reportado al comandante de su compañía que estaban matando a civiles inocentes. El Tte. Cnel. Barker rápidamente se comunicó por radio con su oficial ejecutivo, quien había estado volando sobre la zona de batalla, con instrucciones de que investigara qué era lo que estaba sucediendo, y que si los informes eran correctos que ordenara un alto inmediato. El Tte. Cnel. Barker deseaba que el Capitán Medina le confirmara que nada semejante había ocurrido. Poco después se ordenó un cese de fuego a la Compañía C.

Los muertos y los moribundos se encontraban por doquier. La gran mayoría de cuerpos eran cuadros extremadamente horrendos. En un caso, siete mujeres de entre 18 y 35 años fueron encontradas en el suelo, desnudas, con pequeños agujeros oscuros salpicados por todo el cuerpo.

CONCLUSIÓN

La Masacre de My Lai ocurrió en un período de cuatro horas. Hubo entre 400 y 500 víctimas vietnamitas. Hasta ahora no se sabe la cifra exacta debido a las investigaciones inadecuadas que miembros de la cadena de mando llevaron a cabo inicialmente. La cantidad oficial de muertos en acción reportada por la Compañía C es de: ¡¡¡128!!!.

Los soldados de la Compañía C no recibieron absolutamente ningún fuego enemigo. La única baja sufrida por la Compañía C, fue una herida que un soldado se ocasionó a sí mismo en el pié al tratar de reparar una pistola atorada, que pertenecía a otro soldado. Solamente se recuperaron tres armas enemigas durante toda la operación. El denso tráfico en la radio que siempre forma parte de un combate intenso no se escuchó en ninguna parte ese día.

El 8 de abril de 1968, se declaró terminada la misión de la Fuerza de Tarea Barker y la unidad oficialmente quedó disuelta.

My Lai no había sido un evento aislado. De hecho, la brutalidad de las imágenes y reportajes de estas masacres formaron parte de uno de los eventos históricos para Estados Unidos que aún no ha logrado enterrar en su memoria nacional; sigue, para millones, como una pesadilla. Estados Unidos mató a más de un millón de vietnamitas para “salvar'' al sur de Vietnam del comunismo, mentira que ni ellos se creyeron. Unos 55.000 soldados estadounidenses murieron en esta causa basada en la aventura criminal del saqueo de recursos naturales, para beneficio de las corporaciones multinacionales y los usureros de Wall Street.


Más bombas estadounidenses fueron arrojadas en ese país que sobre Europa durante toda la Segunda Guerra Mundial. Y todo terminó con la primera derrota militar de Estados Unidos desde el inicio de su historia. Nadie ha asumido la responsabilidad por la sangre de vietnamitas y sus contrapartes estadounidenses que se enfrentaron. En la masacre de My Lai, la conclusión de una amplia investigación de responsabilidad cayó en un sólo individuo -- William Calley, líder del pelotón-- fue culpado de homicidio y encarcelado.

Ningún oficial superior fue responsabilizado. Y la interrogante continúa hasta hoy día: quién giró las órdenes no sólo para My Lai, sino para toda operación de "detección y destrucción" en numerosos poblados.

Los horrores de esa guerra fueron encubiertos por el gobierno de Estados Unidos. La intención era ocultar todo esto a la población estadounidense. Los medios y reporteros extraordinarios como Hersh, rompieron el silencio. Algunos funcionarios, como Daniel Ellsberg, y no pocos veteranos recién regresados de las batallas, revelaron las historias no oficiales y, finalmente, la opinión pública llegó a niveles peligrosos para el gobierno.

¿Qué debía sucederle a la aldea de My Lai? Los oficiales de la Fuerza de Tarea salieron de la orientación del comando con la clara impresión de que el Tte. Cnel. Barker había ordenado destruir todas "las moradas, las viviendas y el ganado" en el área de My Lai. Hay grandes dudas respecto a si eso fue una orden directa o algo que se asumió. Sin embargo, el Capitán Eugene Kotouc, oficial de inteligencia de la Fuerza de Tarea Barker, y uno de los pocos oficiales de inteligencia que estuvo de acuerdo con las opiniones de inteligencia (respecto a los efectivos y la ubicación del 48º Batallón de LF) emitidas a través el Programa Phoenix, recuerda que al Tte. Cnel. Barker dijo que la aldea debía ser destruida. El Capitán Kotouc afirmó: "Quería que el área quedara limpia, la quería neutralizada, y quería que los edificios quedaran destruidos. Quería que las chozas fueran incendiadas, que los túneles fueran rellenados, y luego quería que el ganado y las gallinas se soltaran, se mataran o se destruyeran. Quería neutralizar el área."...

ALGUNOS DE LOS "HÉROES"

Sargento Hodges: "Esta era nuestra oportunidad para desquitarnos. Era el momento de saldar cuentas. El momento de vengarnos - vengar a nuestros compañeros caídos. La orden que nos dieron era la de matar y destruir todo lo que estaba en la aldea. Matar a los cerdos, lanzarlos al pozo; contaminar el abastecimiento de agua potable; cortar las plantaciones de guineo; incendiar la aldea; quemar las chozas mientras avanzábamos. Se nos explicó claramente que no debía haber prisioneros. La orden que nos dieron era la de matar a todos en la aldea. Porque los que estaban en ella - las mujeres, los niños y los ancianos - eran del Vietcong. Pertenecían al Vietcong o simpatizaban con el Vietcong. No simpatizaban de los norteamericanos. Nos dijeron claramente que nadie en la aldea se debía salvar".

El Sargento Hodges no fue el único que interpretó así lo dicho en la orientación del Capitán Medina. Muchos suboficiales abandonaron la reunión con la misma impresión - convencidos de que la orden era la de matar a todos.

Sargento de 2ª Clase L.A. Bacon: "Debíamos matar a todos los miembros del Vietcong y a sus simpatizantes en la aldea".

Sargento Charles West: "Era una misión de búsqueda y destrucción, debíamos acabar con todo."

Sargento de 2ª Clase Martin Fagan: "Matar a todos".

Sargento Isaiah Cowan: "Acabar con todo lo que se encontrara en la aldea".

Un soldado recuerda inclusive: "Alguien preguntó, ¿Se supone que debamos matar a las mujeres y a los niños? y Medina respondió, "Maten todo lo que se mueva"."

Sobra decir (pero se dirá de todas formas), que el Teniente Calley era de ese campo o escuela de pensamiento. Él testificó en su consejo de guerra:

"Debíamos empezar en My Lai 4 y debíamos neutralizar por completo My Lai 4 y no dejar a nadie con vida detrás de nosotros. Luego debíamos avanzar hasta My Lai 5, etc., hasta llegar al área de Pinkville. Entonces debíamos neutralizar por completo My Lai 1, que es Pinkville. Manifestó que era completamente esencial que en ningún momento perdiéramos nuestro ímpetu de ataque, porque las otras dos compañías que anteriormente habían asaltado ese lugar habían permitido que el enemigo quedara detrás de ellas, o habían pasado a través del enemigo, permitiendo que él quedara detrás y se organizara en la retaguardia de ellas, lo que les había desorganizado la operación al lanzar el asalto final contra Pinkville. La desorganización, la pérdida del ímpetu de ataque, la pérdida de gran número de bajas, y mayor preocupación por sus bajas que por su misión había sido su error. Así es que esta vez debíamos avanzar, neutralizar estas aldeas destruyendo todo lo que estuviera en ellas, sin dejar que nadie ni nada quedara detrás de nosotros, y seguir avanzando hasta llegar a Pinkville."

El Teniente Calley añadió: "Alguien preguntó si eso incluía a las mujeres y los niños, y el Capitán Medina respondió: "eso los incluye a todos".
Después, los soldados regresaron a sus casamatas y cenaron. Algunos vieron películas para adultos, y otros se emborracharon un poco. (*)

(*) Fuente: Página www.fortunecity.com

  El falaz comunicado oficial del ejército

1. A continuación aparecen los resultados de esa investigación.

2. (C) En el día en cuestión, 16 de marzo de 1968, la Compañía C del 1er. Batallón de la 20ª División de Infantería, y la Compañía B del 4º Batallón de la 3ª de Infantería, como parte de la Fuerza de Tarea Barker, 11ª Brigada de Infantería, libraron un asalto aéreo de combate en las inmediaciones del Caserío de My Lai (Aldea Son My) al este del Distrito de Son Tinh. Esta área desde hace tiempo había sido un punto de resistencia enemigo, y la Fuerza de Tarea Barker había encontrado gran oposición en el área los días 12 y 23 de febrero de 1968. El Jefe del Distrito consideraba que todas las personas que vivían en el área pertenecían al Vietcong o simpatizaban con ese movimiento. Los fuegos preparatorios de los helicópteros con armas y de la artillería fueron ubicados en las zonas de aterrizaje usadas por las dos compañías. Al aterrizar y durante su avance en las posiciones enemigas, las fuerzas de ataque fueron apoyadas por helicópteros con armas de la 174ª Compañía de Aviación y la Compañía B del 23º Batallón de Aviación. Para eso de las 1500 horas, ya había cesado toda la resistencia enemiga y el resto de esas fuerzas se había replegado. El resultado de esta operación fueron 128 soldados del Vietcong muertos en acción. Durante los fuegos preparatorios y la acción terrestre de las compañías de ataque, murieron 20 individuos no combatientes que quedaron atrapados en el área de batalla. Las fuerzas norteamericanas sufrieron 2 muertos y 10 heridos en acción, por trampas explosivas, y un soldado ligeramente herido en la pierna por fuego de arma de pequeño calibre. Ningún soldado norteamericano murió por fuego de francotiradores, como fue la razón que se alegó para matar a los civiles. Entrevistas con el Teniente Coronel Frank A. Barker, comandante de la Fuerza de Tarea; el Mayor Charles C. Calhoun, S3 de la Fuerza de Tarea; el Capitán Ernest L. Medina, Oficial al Mando de la Cía C, 1-20; y el Capitán Earl Michles, Oficial al Mando de la Compañía B, 4-3, revelaron que en ningún momento los soldados norteamericanos reunieron ni mataron civiles. Los habitantes civiles en el área empezaron a replegarse al sudoeste tan pronto como empezó la operación y al transcurrir la primera hora y media todos los civiles visibles habían despejado el área de operaciones.

3. (C) El Jefe del Distrito de Son Tinh no le da a las acusaciones ninguna importancia y señala que los dos caseríos en donde se alega que ocurrió el incidente están en un área controlada por el Vietcong desde 1964. El Coronel Toan, Comandante de la 2ª División del Ejército de la República de Vietnam informó que formular semejantes alegatos contra fuerzas norteamericanas es una técnica común de la maquinaria de propaganda del Vietcong. El Adjunto 2 contiene la traducción de un mensaje de propaganda actual del Vietcong dirigido a los soldados del Ejército de la República de Vietnam, pidiéndoles que disparen contra los norteamericanos. Este mensaje se lo transmitió a su comandancia general el oficial al mando de la 2ª División del Ejército de la República de Vietnam, aproximadamente el 17 de abril de 1968, como asunto de información. En él se repiten las mismas acusaciones formuladas por el Jefe de la Aldea de Son My, además de otros alegatos de atrocidades cometidas por soldados norteamericanos.

4. (C) Se concluye afirmando que 20 individuos no combatientes resultaron accidentalmente muertos cuando quedaron atrapados entre los fuegos preparatorios y los fuegos cruzados de las fuerzas norteamericanas y del Vietcong, el 16 de marzo de 1968. Además se concluye afirmando que los soldados norteamericanos no reunieron a los civiles ni dispararon contra ellos. La acusación de que las fuerzas norteamericanas dispararon y mataron de 400 a 500 civiles obviamente es una campaña publicitaria del Vietcong para desacreditar a Estados Unidos ante los ojos del pueblo vietnamita en general y en particular, ante los ojos de los soldados del Ejército de la República de Vietnam.

5. (C) Se recomienda el lanzamiento de una campaña de contrapropaganda contra el Vietcong al este del Distrito de Son Tinh.













“NO HAY PEORES PECADOS QUE LA SERVIDUMBRE Y LA COBARDIA”
(José Ingenieros)

sábado, 22 de octubre de 2011

MUJER, RAZA, CLASE...Angela Davis

Ser mujer ya es una desventaja en esta sociedad siempre machista; imaginen ser mujer y ser negra. Ahora hagan un esfuerzo mayor, cierren los ojos y piensen, ser mujer, ser negra y ser comunista. ¡Vaya aberración!
Angela D.


Angela Davis, hija de un mecánico automotriz y una profesora de escuela, nació en Birmingham, Alabama, el 26 de enero de 1944. El lugar donde vivía la familia fue llamada Colina Dinamita (Dynamite Hill) por el gran número de casas de Afroamericanos dinamitadas por el Ku Klux Klan. Su madre fue una activista a favor de los derechos civiles y había estado activo en el NAACP, antes de que dicha organización fuera proscrita en Birmingham.

Davis asistió a escuelas segregadas en Birmingham antes de mudarse a Nueva York con su madre, que había decidido estudiar para obtener una maestría en arte ( M.A.)en la Universidad de Nueva York. Davis asistió a una escuela progresista en Greenwich Village, donde varios de los profesores estaban en la lista negra durante la era Mc Carthy.

En 1961 Davis fue a la universidad Brandeis en Waltham, Massachusetts a estudiar francés. Su carrera incluía un año en la Sorbona, en París. Poco después de volver a los Estados Unidos pudo acordarse de la lucha por los derechos civiles que se estaba llevando a cabo en Birmingham cuando cuatro muchachas que conocía fueron asesinadas en la explosión de la Iglesia Bautista en setiembre de 1963.
Después de graduarse de la Universidad Brandeis pasó dos años en la facultad de filosofía en la Universidad J.W. Goethe de Frankfurt, en Alemania ( Occidental ) antes de estudiar bajo la tutela de Herbert Marcuse en la Universidad de California. Davis recibió una gran influencia de Marcuse, especialmente su idea de que era un deber del individuo rebelarse en contra del sistema.

En 1967 Davis se unió al Comité Coordinador No violento Estudiantil ( SNCC ) y al Partido de las Panteras Negras. Al año siguiente se involucró con el Partido Comunista Estadunidense.
Davis empezó a trabajar como catedrática de filosofía en la Universidad de California en Los Angeles. Cuando el FBI, en 1970, le informó a los jefes de Davis, el Consejo de Regentes de California, que ella era miembro del Partido Comunista Estadunidense, terminaron su contrato.

Davis participó en la campaña para mejorar las condiciones en las cárceles. Se interesó especialmente en el caso de Jorge Jackson y W.L. Nolen, dos afroamericanos que establecieron una sucursal de las Panteras Negras mientras estaban en la prisión Soledad en California. El 13 de enero de 1970, Nolan y otros dos prisioneros negros fueron asesinados por uno de los carceleros. Unos días después el Jurado del Condado de Monterrey determinó que el guarda había cometido un "homicidio justificable".

Cuando después, un guarda fue encontrado asesinado, Jackson y otros dos prisioneros, John Cluchette y Fleeta Drumgo, fueron acusados de su muerte. Se argumentó que Jackson buscaba vengarse de la muerte de su amigo, W.L. Nolan.
El 7 de agosto de 1970, el hermano de Jorge Jackson, Jonathan, de 17 años, irrumpió en la corte del Condado Marin con una ametralladora y tras tomar como rehén al juez Harold Haley, demandó que Jorge Jackson, Juan Cluchette y Fleeta Drumgo fueran liberados. Jonathan Jackson fue herido de bala y asesinado cuando se alejaba de la corte en automóvil.

En los meses siguientes, Jackson publicó dos libros Cartas desde la prisión ( Letters from Prison ) y Soledad Brother El 21 de agosto de 1971, Jorge Jackson fue ametrallado en el patio de la prisión de San Quintín. Llevaba una pistola automática 9mm y los oficiales dijeron que trataba de fugarse. También se dijo que la pistola había sido metida de contrabando en la prisión por Davis.

 Davis se dio a la fuga y el FBI la nombró como una de las "criminales más buscados". Fue arrestada dos meses después en un motel neoyorquino, pero en el juicio fue absuelta de todos los cargos. Sin embargo, debido a sus actividades de militancia, el gobernador de California, Ronald Reagan, pidió que a Davis no se le debería permitir dar clases en ningua de las universidades estatales.

 Davis trabajó como conferencista de estudios Afroamericanos en el Colegio de Claremont, de 1975 a 1977, antes de convertirse en catedrática en estudios de etnia y de la mujer en la Universidad Estatal de San Francisco. En 1979, Davis visitó la Unión Soviética donde recibió el Premio Lenin de la Paz e hizo un profesorado honorario en la Universidad Estatal de Moscú. En 1980 y 1984, Davis fue candidata a la vicepresidencia del Partido Comunista.
Los libros que ha publicado incluyen: If They Come in the Morning: Voices of Resistance (1971), Angela Davis: An Autobiography (1974), Women, Race and Class (1981) and Women, Culture, and Politics (1989).


Traducida por Gregorio Díaz Ducca para
www.Los pobres de la Tierra.org
www.blackpanther.org


Homenajes

En 1971, Pablo Milanés compuso para ella Canción para Angela Davis. En 1972 los Rolling Stones en su disco doble Exile on Main St le dedicaron la canción Sweet Black Angel. El mismo año, John Lennon y Yoko Ono la apoyaron con la canción Angela de su álbum Some Time in New York City. En 2010 el cantante Yannick Noah también le dedicó una canción, Angela.

El artista Shepard Fairey la representó en varias de sus obras gráficas.

Obras de Angela Davis

    If They Come in the Morning: Voices of Resistance (1971) ISBN 0-451-04999-3
    Angela Davis: An Autobiography (1974) ISBN 0-7178-0667-7
    Women, Race and Class (1981), ISBN 0-394-71351-6. Mujeres, Raza y Clase, Ediciones Akal, 2004, ISBN 84-460-2093-9
    Women, Culture, and Politics (1989) ISBN 0-679-72487-7
    Blues Legacies and Black Feminism (1999) ISBN 0-679-77126-3
    Are Prisons Obsolete? (2003) ISBN 1-58322-581-1

domingo, 11 de septiembre de 2011

SALVADOR ALLENDE !PRESENTE¡

"volverán otros hombres a abrir las anchas Alamedas por donde pase el hombre libre del mañana" (Salvador Allende, ûltimo mensaje)

9:10 A.M.  (11/09/1973)

Seguramente, ésta será la última oportunidad en que pueda dirigirme a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura sino decepción y serán ellas el castigo moral para quienes han traicionado el juramento que hicieron: soldados de Chile, comandantes en jefe titulares, el almirante Merino, que se ha auto designado, más el señor Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su fidelidad y lealtad al Gobierno, también se ha autodenominado Director General de Carabineros. Ante estos hechos sólo me cabe decir a los trabajadores: ¡No voy a renunciar!
Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad al pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
Trabajadores de mi patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra de que aceptaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. En este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, quiero que aprovechen la lección: el capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición, la que les enseñara el Schneider y reafirmara el comandante Araya, víctimas del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena, reconquistar el poder para seguir defendiendo sus granjerías y sus privilegios.
Me dirijo sobre todo a la modesta mujer de nuestra tierra, a la campesina que creyó en nosotros, a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de nuestra preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas, a los que hace días siguieron trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clase para defender también las ventajas que una sociedad capitalista le da a unos pocos..
Me dirijo a la juventud, aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha. Me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente; en los atentados terroristas, volando los puentes, cortando las líneas férreas, destruyendo lo oleoductos y los gaseoductos, frente al silencio de quienes tenían la obligación de pro[inaudible].
Estaban comprometidos. La historia los juzgará.
Seguramente Radio Magallanes será callada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa. La seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes. Por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal [inaudible] los trabajadores.
El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
Trabajadores de mi patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.

Santiago de Chile, 11 de septiembre de 1973


"Entre los seres, como el aire vivo,
y de la soledad acorralada
salgo a la multitud de los combates,
libre porque en mi mano va tu mano,
conquistando alegrîas indomables"

Pablo Neruda